Ricardo Valenzuela cuestionó la apatía y la rutina que, a su criterio, debilitan el compromiso personal y espiritual, y afirmó que la fe no debe vivirse como obligación sino como una experiencia que impulse.

El obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, manifestó su preocupación por la falta de entusiasmo y convicción, especialmente entre los jóvenes, al referirse a lo que describió como un sistema “rutinario y pesado” que termina apagando la iniciativa personal y colectiva.
Durante su reflexión, utilizó la comparación con el enamoramiento para explicar cómo la atracción puede transformar la conducta de una persona. Señaló que cuando alguien está motivado por amor, cambia su actitud: asume responsabilidades con mayor disposición, muestra interés y encuentra un nuevo estímulo para afrontar sus deberes.
En contraste, sostuvo que muchas veces la vivencia cristiana se reduce al cumplimiento de normas por obligación, lo que —según indicó— termina debilitando el compromiso. Para el obispo, la diferencia radica en actuar por atracción y convicción, más que por imposición.
Finalmente, llamó a dar mayor espacio a la vida espiritual y a la acción del Espíritu Santo como fuerza capaz de renovar la alegría, el sentido y la motivación en la vida cotidiana.
