La avería de una máquina clave volvió a dejar al descubierto años de desidia administrativa y ausencia de mantenimiento. Un profesional debió ser derivado de urgencias para ser sometido a una intervención inmediata.

El Instituto de Previsión Social (IPS) enfrenta una ola de denuncias por desidia institucional luego de que su propio médico, el Dr. Gustavo Fernández —hermano del viceministro de Transporte—, no pudiera ser operado en el Hospital Central por fallas en equipos cardiológicos y debió ser intervenido en un sanatorio privado tras una colecta entre colegas y familiares. El caso encendió la crítica pública sobre la crítica situación de la previsional, donde pacientes comunes también sufren consecuencias graves por la precariedad de la aparatología sanitaria.
Fernández, hematólogo y exdirector del IPS Ingavi, fue llevado de urgencia al Hospital Central tras una descompensación, confiado en la atención de la previsional. Sin embargo, el angiógrafo esencial para su intervención estaba inoperativo por falta de mantenimiento y repuestos, según denuncias del propio personal de Electromedicina.
Familiares relataron que solo tras movilizar colegas y allegados, incluyendo al ministro de Transporte, pudieron reunir G. 50 millones para llevarlo a un sanatorio privado, donde finalmente fue operado. «Si no teníamos a ese amigo cardiólogo que autorizó el ingreso, el final podía ser otra historia», dijo uno de sus hermanos sobre la situación vivida.
El episodio se suma a otras graves denuncias contra el IPS: la muerte de un asegurado que aguardaba un cateterismo que no se realizó por equipamiento defectuoso, lo que provocó el inicio de una auditoría integral por parte de la Superintendencia de Salud, que busca determinar responsabilidades administrativas y técnicas.
Personal técnico del Hospital Central aseguró que no hay contratos de mantenimiento vigentes para equipos de alta complejidad, obligando a reparaciones improvisadas que, según denuncian, ponen en riesgo la vida de los pacientes.
Organizaciones de asegurados y diputados también cuestionan la falta de planificación y renovación de servicios básicos, mientras el presidente del IPS admitió haber considerado renunciar tras el fallecimiento de un paciente que no pudo ser atendido a tiempo debido a fallas técnicas.
Este caso exhibe, según críticos, no solo la precariedad estructural de la institución, sino también la gestión deficiente de recursos y equipamiento vital, que obliga incluso a figuras públicas a buscar soluciones fuera del sistema que debiera protegerlos.
